lunes, 15 de abril de 2013

Recuerdos...

Un escalofrío, una extraña sensación, algo se acerca pero no sabes que.
Es un recuerdo, ese recuerdo que tiene el poder de sacarte una sonrisa, una sonrisa inocente como la de una niña pequeña el ver a su muñeca perdida. Las mejillas se te sonrojan y sientes como el corazón te late más rápido. Tu cabeza está lejos, muy lejos, en ese lugar en el que tanto te gustaría estar en este momento, junto a él. Y solo se te ocurre una cosa, poner esa canción que tanto te recuerda a esas noches de verano. Los dos solos debajo de un manto de estrellas en el que cada estrella simbolizaba un poquito de tu felicidad y en ese momento pasa una estrella fugaz, y cual será tu deseo… ESTAR SIEMPRE JUNTO A ÉL.
Y después, precisamente cuando menos te lo esperas el recuerdo se va, se deshace al igual que la nieve al llegar la primavera. 
Los recuerdos llegan así como así, sin pedir permiso, en el momento en el que menos te lo esperas, pero tampoco sabes cuándo se marchará, lo único que sabes es que lamentablemente volverán, aunque por lo general son instantes, y ahora se como hacerlo. Basta con no detenerse demasiado. En cuanto llega el recuerdo, hay que alejarse rápidamente, hacerlo enseguida, sin miramientos, sin concesiones, sin enfocarlo, sin jugar con él. Sin hacerse daño.